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lunes, 26 de septiembre de 2016

Crónica de una muerte


-Dicen que la muerte ronda a la media noche.

El caos del ajetreo había cedido, sólo quedaba el frío que deja el alta de pacientes.

-No puedo disculparme por no lograr acostumbrarme a la muerte.

De pronto, llega aquel señor, cabeza de familia; llega sin calma pero con la entereza propia de ser médico.

-¿Qué pasa cuándo se tienen los conocimientos y aún así no puedes hacer nada?

Se activan las alarmas, el electrocardiograma no engaña, es tajante y determina cuando un corazón de a poco o de mucho, está muriendo.

-Trato de buscar el sosiego para la familia, cuando cruzo la mirada con su adolescente hijo.

A diario eres testigo de muchas cosas: milagros, fechorías, el bien y el mal.

-La imagen era inminente, la sombra rondaba y queríamos ignorarlo.

Nos movíamos como hormigas, trabajando en equipo para buscar lo mejor para el paciente, salvar una vida deja de ser heroico para ser lo menos que puedes hacer por alguien.

-Por más que quieras no puedes dejar de hacer lo que estás haciendo para simplemente abrazarlos.

Mientras él soportaba el dolor entre bocanadas de aire, relataba vívidamente lo que acontencía dentro de sí: sus pulmones se colmaban de líquido como quien naufraga y su corazón hacía paradas como si en vez de ahí, estuviese en el Everest.

- No llores, me repito. Mantén la compostura.

No aguantaba el estar sentado ni toleraba el decúbito y a ratos decía "me voy a morir".

-¿Cómo decirle que no sería así?

Me gusta pensar que entre su desespero, el Ángel de la Muerte caminó entre las personas y con una palmada en la espalda le hizo saber que era el momento; espero que haber tenido la compañía de su familia haya sido suficiente para irse en paz.

-No estuve ahí para verle morir a la 1:15 de la madrugada.

miércoles, 8 de junio de 2016

¡Emergencia!


Todos saben a dónde van, menos yo.
Es más, todos parecen saber a dónde voy, menos yo.
El manual de las rutas correctas, los pasos atinados, y yo decidiendo con qué ánimo amanezco.
Parezco nadar con toneladas de peso encima y no logro ver en dónde me he metido.
¿Qué pasó con lo conocido? Mi memoria entra en crisis, veo partir los libros de mis recuerdos favoritos.
Vengo caminando en neutro, sin ganas ni de cuidarme.
He partido de casa sin medio en los bolsillos, haciendo de cuenta que el mal sabor es pasajero, pretendiendo que dejaré de tener miedo por las noches.
No estoy en forma, sin embargo, mi cara se marchita, los rayos platinados adornan mi cabello, mis manos más recias cada día.
El trabajo y las noches en soledad me están cabando desde adentro.
Creo que la adultez me ha tiroteado y abandonado en medio de la calle.

¡Llamen al payaso de guardia! Díganle que un niño se está convirtiendo en adulto.

lunes, 10 de agosto de 2015

El tesoro

No logro descansar de mi asombro,
cuando en medio del torbellino diario
logra alcanzarme la nobleza
de quiénes aún intentan calentar al mundo.
Sentirse agradecido por saberse querido
a través de un abrazo
y disfrutar de la alegría de reencontrarse
sin importar las distancias.
Descubrirse emocionados
por reconocerse en el reflejo del otro,
vivir al máximo como tratamiento
paliativo para combatir la apatía y el estrés
e ir con frecuencia al oftalmológo
para ver bien las cosas del corazón.
Porque en medio de todo el mundo
yo me he encontrado contigo
y son precisamente los recuerdos en mi alma,
el arma para defenderme de los malhechores.
El tesoro que nadie logra arrebatarme
es elevarme hasta el cielo en un globo aerostático, y reconocerte.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Amigo mío

Eres tan extraño amigo mío,
tan extrañamente atractivo.
Lo sé, disculpa mi osadía,
pero no hay mucho que pueda sorprenderte,
tú me conoces.

Todo esto es muy extraño,
amarte y quererte,
tener la absurda sensación
de que una parte de ti,
es mía.
Y aún asi ser sólo amigos.

Tú y yo nos entendemos,
probablemente sea por ser poetas,
que podemos dar rienda suelta al corazón
y frenar el fuego del cuerpo.

Eres tan extraño amigo mío,
porque sólo así es posible
ser yo misma,
y correr hasta ti sin ningún temor.

Extraño es eso de extrañarte
cuando nos vemos tan poco,
pero tan frecuente el hecho
de hacernos compañía,
incluso cuando el otro no la ha pedido.

Eres tan extraño amigo mío,
que me haces reír y llorar,
y aún así te quiero en mi vida
para siempre.

Eres tan extraño amigo mío,
que sospecho nunca podría
deshacerme de ti.
Nunca podría olvidar tu blancura
o tu barba sexy.

Eres tan extraño amigo mío,
y me siento afortunada por ello.
Ojalá nuestros abrazos sean
siempre así de mágicos,
porque estoy cansada de la gente normal.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Contar(te)


Permíteme contarte.
Regálame un momento para hablar de la magia que hay en vos.
Haces que mi brújula se desoriente.
Es por ti que he perdido el miedo.
Mi cuerpo está repleto del rastro de tus labios impregnados en tinta negra.
Me hacés preguntarme qué hay al otro lado del mar.
Has vestido mi alma de resplandor.

Y no importa si se te acaba el tiempo, después de ti el tiempo es solo una variable inquieta.
Has revelado mi angel y demonio, uno frente al otro, en cada esquina.
Aún cuando creo se avecina una tormenta, me muestras que es solo parte de mi imaginación.
Déjame adueñarme de tu espalda desnuda, me muero por contar una a una las pecas que iluminan mis noches cual estrellas.
Déjame sacarte los problemas que guardas detrás de los labios.
Probablemente no paremos hasta consumirnos con el fuego.

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